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Eveline Sigi
Anthropos 106.2011
Bailar cargando las almas
y pedir las primeras lluvias
Una vez efectuada la siembra es muy importante
que haya suficiente lluvia para que las plantas crez
can y florezcan. Entonces se “desentierran” las flau
tas que atraen la lluvia y se comienza a bailar Pinki-
llada, Tarqueada y Moseñada, entre otros. Algunas
de estas danzas se practican durante toda la esta
ción lluviosa, otras solamente corresponden a una
determinada fase del jallupacha. La fiesta de Todos
los Santos marca el inicio ritual de la época húme
da (Bouysse-Cassagne y Harris 1997: 39), momen
to en el que se pide la cooperación de las almas de
los difuntos en el ciclo productivo agrícola (Rome
ro Flores 1997, 2001a, 2001b; Baumann 1991: 4).
De acuerdo a las costumbres del altiplano boli
viano se celebra la “Fiesta de las Almas” tocando y
bailando en los cementerios y fabricando pequeñas
muñecas hechas de pan, las t’ant’a wawas, que re
presentan a los difuntos, niños (Sagárnaga Mene-
ses 2003: 360) o más bien muertos que acaban de
recibir el “status de recién nacidos” (van den Berg
1992a: 295). Dado que la ayuda de los muertos es
vital para lograr buenas cosechas (295) sus almas
son festejadas con comida, música y baile (Stobart
1996: 475) para establecer la mencionada relación
de reciprocidad entre “este mundo” (akapacha) y el
“mundo de adentro” (manqhapacha). En este con
texto parece de suma importancia la figura del niño
inocente cuyo llanto conmueve los seres sobrenatu
rales responsables de las condiciones climáticas, un
posible nexo con las muñequitas de pan. Ya Gua-
mán Poma de Ayala relata que durante el mes de
Octubre los campesinos desesperados por la llega
da de las lluvias necesarias hacían llorar a mujeres
y niños para que de esta manera ayudaran a pedir el
agua (2006 [1615]: 229). Según Amold et al. hasta
la actualidad sigue habiendo lugares donde los niños
son obligados a pedir lluvia (2005: 178 s.). Y son es
tas mismas muñequitas, las t’ant’a wawas, que se
cargan ejecutando algunas danzas de la época, por
ejemplo el Cambraya de los valles altos de la pro
vincia Muñecas (departamento de Ea Paz); “En To
dos los Santos las mujeres siempre bailan cargando
una wawa ... podría ser un alma, aquí siempre se
hace rezar a las t’ant’a wawas (Andrés Cahuana,
17.10.09).
El siguiente testimonio insinúa la relación entre
las almas y la nueva vida:
En Todos los Santos bailan cargando t’ant’a wawas ...
Bailan en el cementerio. A veces hay almas en la casa
[quiere decir que hay personas recién fallecidas], enton
ces van al cementerio y bailan así ... Pasado Todos los
Santos los recién casados van a visitar a sus padrinos con
la misma música (Manuel Hinojosa, 17.10.09).
En décadas pasadas bailar con muñecas también era
común en el departamento de Oruro donde la esta
ción lluviosa comienza al son de la Tarqueada. Sin
embargo, tanto en Oruro como en La Paz no solo
se cargaban t’ant’a wawas, sino también “pastas”,
muñecas de yeso, barro o porcelana (que ya no son
fabricadas). Ambos tipos de muñeca no solo se uti
lizaban para bailar, sino también se colocaban en los
altares preparados para los difuntos y se les daba a
las niñas para que las cargaran como si fueran sus
hijos (comunicación personal de Justina Salazar Ba-
rrionuevo, 13.02.11).
Antes en Todos los Santos se bailaba con pastas, las mu
jeres cargaban pastas (Micaela, 09.11.10).
Con o sin muñeca, el fin del baile en Todos Santos
es hacer florecer las papas: “Nosotros bailamos esas
cosas para que las papas florezcan, para que crezcan
los frutos” (Tomás Torres, 14.11.02).
No solo sigue en pie la costumbre de hacer rogar
por lluvia a los niños, sino también sigue habiendo
el pedido hecho por mujeres. A pesar de que la par
ticipación de la mujer en las fiestas suele restringir
se a los preparativos, el canto y el baile este contex
to parece facilitar excepciones donde las mujeres
también tocan un instrumento musical con el fin de
“calentar la tierra” y, por lo tanto, atraer las nubes:
Cuando vamos salir a los cerros las señoras tocan y de ahí
ya llueve nomás ... las mujeres como dicen “uta junt’u-
cha”, eso es la casa de, que calienta, ¿no?, entonces como
está haciendo calentar, entonces va a llover, eso quiere de
cir (Eloy Colque Ruanca, 11.10.09).
Guamán Poma de Ayala relata que se maltrataban a
los animales para que sus gritos funjan como pedi
dos de lluvia (2006 [1615]: 229), hecho que parece
encontrar su paralela en el contexto mitológico de
la danza de los Wititis.
Si no habían llegado las lluvias torrenciales los alféreces
[autoridades] ataban al k’usillo con el lazo denominado
yuguna. Si es que no llegaba la lluvia los pasantes lo ata
ban diciendo “¡ataremos al k’usillol” y él se arrodilla pi
diendo lluvia (Nemecio Alvarado Nina, 25.10.09).
Un animal salvaje maltratado para que “pida” lluvia
es el sapo (ver capítulo sobre los diablos danzantes).